Las manchas y marcas empezaron a aparecer
un día, junto con un velo oscuro que tomó el lugar de ese brillo tan natural
que solía tener. La opacidad es ahora incubrible. No solo el color se ha
perdido, por dentro todo parece ser diferente también. Parece estar oxidada. Muchos
golpes y sacudidas son los culpables de la transformación con la que carga. Y
aunque no todos sepan su historia, hay resagos de lo que ha sido su recorrido que
no se pueden ocultar.
La fragancia que emite a ciegas sigue
siendo llamativa, esto puede ser un indicio de que su sabor aun es el mismo.
Sin embargo ¿quién la toma en cuenta si
está vieja? ¿quién siquiera la considera como opción? En esta época en la que
las apariencias son lo escencial, que ocultar el paso del tiempo es la prioridad, que las superficialidades parecen ser lo más importante y que los
prejuicios pesan más que darse el tiempo de conocer la verdad ¿quién quiere ser una pera antigua y
maltratada? ¿Quién quiere ser una fruta de las que terminará olvidada en el
fondo del cajón?
(Agosto 2013)
(Agosto 2013)
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